“Hay días que no te apetece nada
y hasta el suspiro se te escapa indolente
porque eres un automatismo de sentidos
repleto de procesos involuntarios naturales,
pero tus neuronas se vuelven vagas
como queriéndome decir; Para, descansa…
y por eso te quitan… las ganas.
Miras, hueles, sientes roces, escuchas,
y hasta distingues sabores cotidianos…
nada distinto, nada esperado, todo hormonal,
y vas y vienes a tus cotidianas obligaciones,
y entra el sueño y el hambre y el cansancio
sin que tú hagas más que esa nada
necesaria para vivir y, quizá, no morir,
pero ni eso lo controlas, porque es innato.
Así que, por así decir,
los dedos solos escriben o teclean
porque ya son automatismo de mi
y sin ello el día no está completo
de los ritmos biológicos necesarios
que mi vida necesita para vivir.”