“De verdad que no lo entiendo,
no lo entiendo,
esa manía del ser humano de no ser él mismo
de ataviarse con pieles que ocultan su ser
de maquillarse con colores que nunca tendrá
de parecer quien nunca fue, es, ni será…
no lo entiendo.
Entiendo al tigre cuando se agazapa,
entiendo el camuflaje de presas y depredadores
entiendo trinos, rebuznos, aullidos, croares, bufidos…
porque siempre indican necesidades vitales según instinto,
e incluso el mimetismo con la necesidad vital de existir
porque entiendo la necesidad vital de alimentarse y ocultarse,
pero,
que el ser humano lo haga para ir contra otros
a quienes llama amigos, hermanos, ciudadanos…
No lo entiendo,
no lo entiendo,
y que nadie lo entienda…
Tampoco lo entiendo,
y que se siga eligiendo…
Tampoco lo entiendo.
Será que el tigre es más dócil,
será que el águila es predecible,
será que el cérvido instintivamente se alejará
aunque en algún momento sea presa
de tigres, leones o águilas
y sus restos de buitres y licaones…
Todo sigue su curso vital.
Pero, será que el ser humano, socializado,
es antropófago de almas gemelas, una vez gobierna,
y por eso tiranías y democracias
son lo mismo con distintas artes
porque ambos extraen de los súbditos su sangre
dejando lo justo para que no te mueras
y seguir en otro momento destinando tu vital energía
como ofrenda, masa y ladrillo a su monumento
repartiendo el sobrante a cómplices y seguidores
como único y válido emolumento.
¿No es esto abyecto?”