14 ene. 2014

Y los hijos creen que no haces nada...


“Y los hijos creen que no haces nada,
y te miran con su insolente juventud,
y te achacan tu cotidiana sumisión,
y se enfadan echándote en cara
todo lo que no tienen
porque es suyo el derecho
y de los demás...
la obligación de dárselo.

Y en el silencio que tardan las palabras
en encontrarse en un razonamiento
te miras las temblorosas manos
y callas…

Callas esa extenuación que es tu vida
pues pasó de ser un sueño
a un esfuerzo por sobrevivir,
y las ganas…

Las ganas se impregnan de fármacos
para que transcurra tu tiempo…

Tiempo que sientes cercano ya al cero
porque sólo eres, uno más...
o, incluso, menos,
y entonces…

Entonces piensas:
ésto es lo que no te doy,
fabrica tu ilusión con los cimientos que te di,
comprendo que lo único que hice
fue darte el derecho a que fuera tuyo el mundo
ese mismo que ahora me hace llorar
porque veo que tú
no tienes mundo
o, incluso…

Incluso ni yo lo tuve nunca
porque el mundo no es de los que
como tu y yo nada deciden,
pues sólo consumen
creyendo en que es un derecho
hacer lo deseado
etiquetado como responsabilidad o compromiso
o apetencia o generosidad o vicio
con lo que sentirnos vivos
aunque siempre nos confundamos
pues surge inevitablemente al final
el mercadeo.

Quizá lo mejor hubiera sido
no haberte tenido,
ni comprometerme ni creer en nada
y sólo preocuparme de mí mismo.

Pero lo único que le emites
son palabras sin razonamiento,
te sientes sin derecho
creyéndote una nada más en este mundo
y con estos vocablos no pronunciados,
sólo guturalmente
le preguntas con payaseado gesto
inconexo y desencajado:

“¿Qué pasó con el mundo?”

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Os presento los audios en los que he dividido un ensayo que espero os cale. Aunque está ordenado desde el último al primero, aconsejo empezar por el principio.