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19 may 2026

A menudo pienso...



A menudo pienso
que esas vueltas que a todo le damos,
que las conclusiones a las que llegamos,
que las relaciones que creamos…
no son nada especial,
no tienen nada de sentido,
ni van ni vienen a ninguna parte,
ni pertenecen a nadie tan siquiera.

Tan solo nos toca vivirlo
porque las circunstancias se dan,
y a cada cual,
según su contexto,
se parecerá más o menos
a lo del vecino o el peregrino,
o a esa historias premiadas,
o incluso a las olvidadas,
y las más de las veces
a las de los anónimos
que nunca serán nada
con el que coincidiremos al final.

Pero nos emocionamos,
creemos en el corazón,
eso del amar, el querer y la felicidad,
en el bien y el mal,
u otra vida después de esta,
quizá en alienígenas o en ideologías,
en deidades y…
estupideces cuando ya no estás.

Me digo que tras la muerte…
nunca nadie nos visitó,
y mira que lo deseé con mi alma,
pero solo fue una sugestión
que fantasmagóricamente
se plantaba delante de mi incertidumbre
y tú te lo crees, iluso, estúpido cultural,
y comprendes que funciona el miedo
porque es él quien más motiva
ya que corres peligro, o eso crees,
pero no hay nada de eso.

Nunca, de los millones de muertos,
aparecieron más que en la figuración
y se crean historias y teatralizan contactos
tan solo para ganar … dinero, fama… ego,
los listos, los mentirosos, los manipuladores.

En fin, de nuestro sentir…
hacemos una pirámide,
de nuestra pasión…
un monumento,
de nuestras ambiciones…
o una cloaca o un descubrimiento,
y de nuestra vida…
un devenir de influencias
más o menos beneficiosas,
a veces plañidera de versos
que en blanco papel se derraman…
inútilmente.

¿Y quién no hace eso?
¿Qué tengo yo de nuevo?
¿Acaso mis células
no están compuestas
por los átomos del universo
que en mi se reutilizan
como riéndose de mí?

Perdón por extenderme,
haz otras cosas, las tuyas,
hoy me da esta vena existencial
entre depre y consciente
por la inevitable lógica existente
que descubro en todos y en mi
pues no nos diferenciamos de una ameba
y que hasta una hormiga lo hace mejor,
o un invisible átomo,
sin consciencia ni sentir,
que es lo más importante porque me forma
en su ignoto equilibrio por descubrir
y yo…
embadurnándome de mi barro,
¡¡ya ves!!

Yo creyéndome algo,
creyéndome alguien,
creyéndome tiempo,
creyéndome… yo.

Pero si no me creo muero,
y si muero dañaré a quien me quiere
dejando una huella
que el tiempo amoldará
según sea usada para algo,
como hacemos todos.

Ni eso somos,
así que vivir será ser presente
sin pensar en nada más que vivir
con el paso siguiente
según ese ignoto sentir
que no se si somos
pero de ser algo
eso ha de ser
en este constante coincidir
de ser, estar y existir
tan común en todo y todos
desde lo sensible a lo inerte
que es vivir;
bástale a cada día su afán.”

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Os presento los audios en los que he dividido un ensayo que espero os cale. Aunque está ordenado desde el último al primero, aconsejo empezar por el principio.