“Quizá una reflexión
no quepa en un poema
porque no parece su sitio
y menos sin rima ni métrica.
Pero eso, es el amor...
un intención oculta en…
Sí, eso, lo que tú crees que sea,
allí donde metes todo tú
y exiges a la otra persona
que de no ser, no será nada,
y cruelmente te infringirá el dolor
propio de quien no sabe amar
y vilipendia el que se le da.
Eso es el amor,
confusión habitual,
porque rimar con candor
siempre toca lo espiritual,
pero solo en uno
cuando no reman igual.
Amar no es amor,
al menos en mi ser,
porque lo que doy, lo sé,
y lo que se entiende, no lo sé,
ya que la necesidad observante,
adularme, no tiene por qué.
Querer es má fácil,
aunque tan mezclado cuan cóctel emocional,
permaneciendo como dependencia sináptica
con la que aquello apetecido
se convierte en mi bien
al haberlo yo así
como necesidad fabricado.
En fin, ¡sálvese quien pueda
ante tanta pedanía autodeterminada
en la que parcelamos
quizá al amor, quizá al querer
y así estructuramos al corazón
amurallando nuestra sin razón!
Y queremos a un pez o a una persona
en la igualdad del querer,
y amamos a una idea, un romance o al hijo
en la comparación futurible
de lo que a ti te haga permanecer
como efigie inalcanzable al olvido
finamente tallada de ambiciones
imposibles de sostener.
Una vez llegada la muerte,
porque la vida no te necesita,
quien permanece, tras el llanto o la risa,
caminará con o sin tu permiso
pues mientras vivías eras una repercusión
que al irte se liberó,
bien a la fuerza bien a las penas
pero obligado se verá…
a ser lo que tenga que querer.”
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