3 ene. 2013

Todo empieza como una semilla...


I
Todo empieza como una semilla
pequeña, indefensa, inútil
nada puede hacer por sí misma
a menos que caiga en coincidencias
de tiempo, humedad y nutrientes
que al ser su ambiente propicio
le convenzan para germinar.

Tiene todo el poder del mundo
porque si germina habrá vida
y cuanto por ella, de ella y con ella...
suceda.

Si no lo hiciera,
si no se reúnen sus condiciones,
calladamente cambiará el sino del tiempo
para siempre.

Tiene el poder de ser
y por, de y con ella...
que todo o nada...
se de.

Una vez convencida, crece,
primero la raíz, luego el tallito,
algunas primeras hojitas
y más que planta es ternura
con la que toda la naturaleza le contempla,
desde quien con ella se enternece
hasta quien con ella se alimenta.

II
Su tiempo se inició al germinar,
su deceso le devendrá cuando sea
bien al ser ansiosamente masticada
y doblemente digerida
en el vientre de un rumiante,
bien llegará a viejo y su savia se secará
quedando a la apuesta de los elementos
que de una u otra forma
su corporalidad se aprovechará.

Hasta puede que como fósil vestigioso,
si es que las circunstancias se dan,
quede como momificado
y hasta para alguna documentada especie,
en algún futuro no planificado,
le sea útil su firma vital
involuntariamente plasmada.

III
Pero bien, si sigue creciendo
su tallo se volverá leñoso,
vigorosamente surgirán sus ramas
el sol será su alimento,
por la tierra extenderá sus raíces
y se darán todos sus procesos
fluyendo su savia
de arriba hacia abajo
y de abajo hacia arriba,
arrogantemente.

Será morada y alimento,
se repondrá de leves heridas
por ser inevitable para quien vive
cuando los que le rodean,
queriéndolo o sin querer.
le hieran.

Incluso, algunas veces
hasta temerá por su vida
ante un atentado accidental o merecido
que le mermarán en forma y ánimo
cuya única solución sea dejar pasar el tiempo.

Tiempo para ver si puede superarlo,
tiempo para que comprenda si quiere o no,
tiempo para que luchando o cediendo,
de alguna manera,
pueda seguir obedeciendo a ese ímpetu
cuando reuniéndose las circunstancias
y sin saber nada más...
germinó.

Puede haber llegado su momento
incluso quizá nunca floreciera
pero hasta ahí llega, no puede más,
cesa, su vida acaba,
los elementos se encanrgarán
de su entierro.

O, también,
quizá con cicatrices profundas
siga a delante, 
quizá una de sus yemas le convenció
sin ganas, sin fuerzas, quizá escondida
pero al ser tan poca cosa y tan bella
en ella escucha el grito primero
y obedeciéndole sólo a ella
continuó.

Quizá ya no es tan enhiesto ni bello
y, quizá,
cuando ella crezca
al no ser ya simétrico
le doblegue por su peso,
pero, se lo merece, es su vida
y quizá por ahí...
florezca.

IV
De las yemas resultantes,
las que quedaron tras el percance,
ramas, primero pequeñas,
han ido engordando y de ellas
ramitas, hojas...
flexibles, preciosas...

En alguna primavera,
de pronto surgen flores
que un montón de abejas asaltan
violándolas con frenesí procreador
con todo el descaro del mundo
con toda la necesidad de la vida.

Esas flores, agitadas, exhaustas
se marchitan al poco tiempo,
sus pétalos caen inevitablemente
pero engordan en su cáliz
de ese propio impulso que la hizo aparecer
y comprende que sigue siendo,
aunque ahora, ya vestigio de lo que fue.

V
Terminando el verano, entrando el otoño
de esos cálices ya petrificados
surgen grietas que las parten
y unas pequeñas bolitas
ante una ráfaga de viento fuerte
se desprenden y al suelo caen.

En número abundante
forman una dispersión caótica,
algunos pájaros con algunas se alimentan,
algunos insectos a otras las devoran,
el pasar de algún animal las dispersan
fuera ya del alcance de su origen
incluso muy lejos,
embadurnada de excremento
alguna cae a otro suelo
y dándose los elementos
demuestra su poder.

VI
Ahora comprende el ritmo de la vida
y no desea ser joven ni viejo
ni llevar más o menos carga
pues ya sólo quiere secarse al viento
con la sonrisa de la vida.

Surgió de una simiente
llegó a florecer,
quizá no como quisiera,
pero su ser transmitió
con todo lo que le sucediera
a esas otras simientes
que unas fueron alimento
otras no fueron convencidas
y otras,
aún envueltas en excremento,
llenas de ímpetu renovado
germinaron...

Como les sucederá a ellas.

VII
El aŕbol, de semilla es árbol,
crece arrogante y la vida lo humilla
con suerte, producirá semillas
y lo será hasta su muerte
y ellas...
bien lo saben.

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Os presento los audios en los que he dividido un ensayo que espero os cale. Aunque está ordenado desde el último al primero, aconsejo empezar por el principio.