4 dic. 2015

Yo no quiero un perro...

Foto: Propia

“Yo no quiero un perro
que me demuestre fidelidad
ni ladre ante desconocidos
ni me acompañe en mis paseos...


Yo no quiero un gato
detector de mis alegrías y tristezas
cuyo hipnotizante ronroneo
sea muestra de afinidad íntima
incitándome con roces y maulliditos
a posarse en mi regazo
y juntos…
ronronear.

Yo no quiero un pájaro
al que mirar o con el que lucirme
por sus bellos colores o magnífico canto
cuidando que no le falte de nada
en ese reducido espacio
tan necesario para él como para mi...
la celda de ambos.


Yo no quiero un caballo o un mono
sobre el que subirme o al que adiestrar
para que realice por y para mi
aquellas tareas complejas de la vida
como haría cualquier ser entrenado
esperando, eso si, ese respaldo positivo
tras el cual sentirse necesarios
cuando al alzar mi manos hacia ellos...
la embelesen.


Yo no quiero un querer que añadir a los míos
generadores de acuciantes sentimientos
procedentes de otros instintos y capacidades
que sólo conseguiría reducirme aún más
a una mezcla desatinada de impulsos
que se fortalecen tras consumarlos
pero nunca se superan.


Yo no quiero un animal a mi lado
pues amo la libertad
y amaré a quien en la suya ame la mía
sin otro condicionante que amar
pues sean las decisiones respetadas
pero tras ellas sus consecuencias contempladas
como hijos de esas apuestas por la libertad
sugiriendo un cambio o afianzamiento
según la experiencia demuestre...
a donde dirigen aquellos pasos.


Yo no quiero que me quieran
porque no soy objeto de usar y tirar
en el día en el que ya ni ronronee, ni ladre,
ni luzca con mi canto o colores
o mis cualidades imitativas mermen
hasta el punto del fallo constante
o incluso…
antes.”

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Os presento los audios en los que he dividido un ensayo que espero os cale. Aunque está ordenado desde el último al primero, aconsejo empezar por el principio.