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25 ene 2026

Biología de la existencia

Somos lo que hacemos y lo demás son acomodaciones de nuestros fines a la realidad.

El único fin de cualquiera, es ser él mismo.



Parte I Continuar (Temperamento)




Vamos a ver, nuestro cerebro es esa “máquina” encargada de conseguir mantenernos a salvo, es decir, que aquello que nuestro cuerpo no hace por sí mismo, será un problema que la naturaleza, en el contexto que estamos nos propone, y con las herramientas con las que ella nos dota, tenemos que intentar solucionarlo, total o parcialmente, para llegar al mismo fin, continuar.

Ciertamente, somos tan “humanos”, no solamente seres vivos, que tenemos muchas dificultades de adaptación, tanto al medio natural como al medio artificial social, así que existen infinidad de planteamientos que nos llevan a cada cual a su fin, que es continuar, pero esto es aplicable individualmente, es decir que cada cual tiene el suyo.

Cuando una persona consigue un éxito, un merecimiento, una posición mejor, está colaborando a continuar de manera mejor a su finalidad, incluso celebramos días especiales porque continuar es complicado, así pues aparecen cumpleaños, aniversarios de proyectos…

Como humanos, tenemos que conseguir elementos del contexto para que nuestro cuerpo la pueda convertir en el combustible que necesita para continuar, energía e información. Sucede esto con todo aquello que supone una merma en nuestro ser y precisa de aporte como la alimentación, la respiración o la duda que se genera ante una problemática.

Realmente somos mecanismos naturales cuyo único fin es el mismo, continuar, y para ello necesitamos de ese movimiento, adquirir lo que se necesita del entorno para el beneficio propio que es continuar.

Aunque el fin es el mismo para todo y todos, la diferencia está en que la naturaleza dota a cada uno de unas características únicas que son con las que tiene que valerse para llegar a ese único fin, y lo tiene impreso en su ser sin poder eliminarlo de sí.

Todo lo que le aparte de su fin le generará algún tipo de “dolor”, en cualquiera de sus formas de manifestarse, siendo esta la sensación natural la que representa precisamente que nuestro “continuar” está comprometido. Cualquier sensación que no sea “no dolor”, es que nuestro continuar está comprometido.

(Nota: Dolor para nosotros los humanos es malo, pero la genética no entiende de eso, más bien es solamente una llamada innata de atención para rectificar el rumbo, y biológicamente esto es dolor en cualquiera de sus formas como la incomodidad, la angustia, el miedo, el terror, etc. Todo ello se siente como agresión pero hay que verlo como un aviso más o menos potente de cambio de dirección.)

También está su opuesto, el no dolor, que a veces va de la mano de normalidad y otras de sensaciones que nos hacen comprender que vamos por buen camino, pero que son una variante de no dolor.

Lo que nos mueve como humanos es el dolor y el no dolor. Incluso no es necesario especificar a cada cual pues innatamente lo comprendemos sin dudar.

No obstante, como humanos, la mayoría de las veces tendremos que lidiar con las emociones que íntimamente generan dolor o no dolor, así que están las que nos apartan de la repercusión o las que no. Las sensaciones como el miedo, la ira, el asco y la tristeza serían dolor y alegría sería no dolor, todas ellas son emociones con las que hemos sido traídos a esto que llamamos vida y son también mecanismos automáticos, a modo de actos reflejos, en nuestra relación con el contexto. Estas emociones primarias se pueden entremezclar generando otras emociones secundarias pero todas tienen dos movimientos, alejarnos o continuar. Obviamente si nos alejamos es para continuar pero nuestro ser decide que allí no puede y toma esa actitud de salir del contexto.

Cada cual viene “calibrado” a ciertos niveles de cada emoción, además de que por la complejidad de nuestro organismo y relaciones humanas también se ven alterados por nuestros procesos internos, que también son automatismos y que nos dirigen el comportamiento porque inciden en estas emociones para que actuemos en relación a ese “continuar”.

Pero ¿qué es continuar? Continuar es seguir como estoy y lo contrario activa una respuesta íntima para salir de esa exposición contextual.

¿Cómo sé que puedo seguir como soy? Porque puedo continuar con mis mecanismos habituales sin alteraciones significativas.

Así pues, como seres vivos que somos, y como todo son problemas para continuar, el cerebro se pone a trabajar desde el instante cero, y elabora un mecanismo llamado pensamiento que tiende a buscar soluciones a los problemas planteados, posteriormente almacenar su resultado en relación a lo que “de bien o mal” nos acercan a ese continuar.

El cerebro se convierte así en parte fundamental del comportamiento del ser, ya que digerir lo hace solo, respirar también, bombear sangre, activar el sistema inmunológico, etc… todo eso es lo que llamamos involuntario y nosotros, el cuerpo, estamos para protegerlo, percibiendo cuantos riesgos nos acechan contra todo eso que ya es automático, y tenemos que defender y proteger. Esa es toda nuestra función en la vida. Crear los mecanismos necesarios que nos permitan continuar.

El cerebro entonces, que ya nos viene dado, combina toda una serie de elementos automáticos muy fijos, que están embutidas dentro de nuestro temperamento que es lo que apunta al continuar, con otros dinámicos y permeables al cambio que son las neuronas, y todo esto es “el entorno” donde se establezca todo aquello que por sí mismo no se pueda conseguir.

Aquí es donde por un lado tenemos al temperamento y del otro al pensamiento, como elementos básicos automáticos de actuación almacenados en partes biológicamente localizadas, las neuronas, que sirven por un lado para la creando espacios donde se almacena memoria y también donde se generan cadenas de pensamientos, que a su vez se agrupan y conforman uniones estables que dan lugar a conceptualizaciones, previsiones, imaginación, creación, etc.

Como se ve siempre todo está basado en lo físico, neuronas que pueden estar situadas en cualquier parte del cuerpo físico, esto lo manda la naturaleza, pero donde residan generan los conceptos, planteamientos, convencimientos, imaginaciones, etc. Todo esto es lo que producirá los comportamientos, desde los movimientos peristálticos a la invención de una obra literaria.

Todo ello no es más que conexiones entre células neuronales, que al quedar establecidas de manera más o menos estables, y según la región del cerebro o del cuerpo en la que se establezcan, actúan de automatismos de ese ser, y su comportamiento dependerá de ello para relacionarse con su entorno. Así que, por ejemplo, si un ser vivo tiene una conexión, o conjunto de ellas, que le hagan comprender que una silla es negativa para él, cada vez que vea una reflejará este rechazo, y si se incide en esta conexión dejará de producirse ese comportamiento generando otro.

Como se ve, el cerebro corporal es un automatismo, muy complejo, pero automatismo, donde reside el comportamiento, por un lado de lo que es comandado automáticamente para que su ser continúe, y por otro, de aprendizaje de todo aquello que el ser no retenga ya como automático, pero este aprendizaje ha de quedar como automatismo sometido a la plasticidad del aprendizaje, pero automatismo al fin y al cabo.




Parte II Sociedad (Personalidad)




En el entorno social en el que nos desenvolvemos los seres humanos, las ideologías, religiones, modas sociales, etc. todo eso no son más que propuestas mentales no automáticas para llegar, supuestamente, al mismo fin, continuar, pero que exigen de automatismos como leyes, normas, convenios, artículos, contratos, etc. y de ellos su obediencia, lo cual va de la mano del dolor, incluso en su cumplimiento, pero no cumplir será lo contrario del no dolor.

Así pues, los ideales, conceptos, ideologías, etc… son propuestas concretas de una cierta manera para continuar, y en ello se involucran y comprometen nuestras necesidades más básicas para ser resueltas de manera conjunta. No hay que verlo como otra cosa que no sean propuestas, y en el proceso de pensamiento que todos hacemos, comprenderemos si nos benefician o no mentalmente como una posibilidad o no a seguir, otra cosa es si ejecutarlo o no pues el fin último que es continuar puede quedar verdaderamente comprometido de no hacerlo.

Lo que nos sucede realmente es que cualquier repercusión del contexto nos incide primeramente en nuestro yo externo social. Este es el compendio de cuantos preceptos conforman nuestro ser exterior, así que es común alinearse en ideologías porque en su conjunto satisfacen la finalidad perseguida íntimamente, y por ello es seguido con la fidelidad que cada cual estime y en ello se beneficie.

La personalidad requiere del convencimiento de que lo que suceda será consecuencia, antes o después, de la ideología que se adopte y no la inmediatez, así que se puede comprender que ciertas incomodidades de la vida puedan aparecer pero la finalidad, antes o después, darán su fruto. No obstante, en este nivel social, necesitamos tener ciertas premisas adquiridas o aseguradas para alinearnos con ello, de lo contrario surgirá ese “dolor” íntimo y nos alejaremos de ello o bien nos acercaremos a ello pero para satisfacer nuestras necesidades. Todo es por pura convicción.

Esto también es el mismo mecanismo que adaptado por el aprendizaje ha generado estructuras de conocimiento concluyentes tendentes a satisfacer directamente las necesidades, tanto las básicas como las ideales.

Aquí es donde el individuo pasa la mayor parte de su vida, en esta contínua exposición al ambiente social, así que convierte su personalidad, penalizada por las imposiciones sociales, en escenario de su proceder, incluyendo una ejecución lo más acertadamente posible según su nivel de convicción para satisfacer sus necesidades básicas, y algunas menos básicas.

Suele suceder, que ese reparto natural de capacidades individual de la naturaleza, incide notoriamente en su capacidad social y en ello dirija su proyecto vital. Bien empresas, bien política, bien repercusión social, introducirá su ser escalando puestos para adquirir esa ambición personal sobre el resto de los individuos de su especie, lo cual les diferenciará de ellos y le dará su dosis necesaria de continuar.

Esto es importante, porque esa ambición es algo que naturalmente se imprimió en su ser y prevalece en su temperamento, así que hay personalidades que la tienen como parte fundamental siendo esto lo que les diferencia, así un psicópata es una personalidad de este tipo, y no necesariamente es de los dinosaurios con brazos bien formados, sino que es de los que los tienen ridículamente pequeños pero dan unas dentelladas descomunales sin piedad con una sonrisa complaciente dibujada en su boca.

También hay otras ambiciones, más deprimidas que a base de sus frustraciones consiguen convencer a ciertas partes de la sociedad para quedarse en ese puesto que de otra manera no lo conseguirían, los deprimidos a veces son también instrumentos de la naturaleza, bien porque ellos permaneces más que otros que se enfrentan a todo o bien porque con su contagio se convierten en adalides de algo mejor. Básicamente intentan conseguir su no dolor de alguna manera.

Y aquí lo importante, todos queremos ese no dolor, porque por todos lados nos vienen los dolores al vivir en una constante exposición a los elementos, bienes sea por el trabajo, por el estrés, por la familia, las amistades, cuestiones de relaciones sentimentales, los desplazamientos con vehículos que son peligrosos, ritos y mentalidades culturales sociales, etc. todo ello es la constante exposición a valores que hemos de seguir para pertenecer a la sociedad y no morir en el intento de ser el indivíduo que tan solo busca su no dolor particular marcado por la naturaleza.

No obstante, es complicado que una sociedad sea consciente de la naturaleza más allá de posicionamientos políticos, morales o ideológicos, porque serán todos demagógicos, por eso, cada uno tenemos que obrar individualmente en la dirección de nuestro autoconocimiento con el fin de no estar en manos de voluntades que nos quieran gobernar en su beneficio.






Parte III Individuo (Sentimiento)




Siempre estará el individuo atado a sus emociones, que generó una serie de sentimientos que le condujeron a producir una personalidad y ello le hace ser visible y sociable.

En esencia, en la lucha diaria e individual por vivir, todos generamos sentimientos que automáticamente nos hace comprender la realidad en ámbitos concretos de comportamiento, normalmente aprendido inicialmente de alguien y comprobado su beneficio en uno mismo posteriormente, mezclado quizá en la esperanza de que se produzca, lo cual nos genera nuestro estatus personal.

Estos sentimientos nos dicen si, por los símbolos que aparecen en el contexto, aquello es beneficioso o no para uno, porque sigue la misma regla que las emociones básicas, lo que sucede es que el complejo comportamiento humano se nutre de conceptos e imágenes concretas que según el tema del que se trate nos dejan muchas veces encasillados.

El amor, la felicidad, la familia, el trabajo, el dinero, la amistad, el odio… En fin, cuantos conceptos adquiridos, según ese conocimiento que en cada uno quede establecido de aquello, quedará almacenado memorísticamente como resultante entre la experiencia almacenada, la previsión futura y el momento instantáneo generando el sentimiento concreto.

Tal es así que nos alegramos al simplemente ver una foto de una amistad, o si la muerte se llevó a un ser querido nos entristecemos, o si recordamos ciertos episodios de nuestra vida pueden traernos al presente aquello y sentirlo con presente sentimiento… En fin, que ese ser que somos nunca se aparta de todo ello, y dependiendo de nuestro conocimiento, seremos más o menos capaces de vivir nuestro momento presente de manera protagonista, o reaccionando al pasado para que no se repita aquello que quedó almacenado y nos sirvió en su momento para permanecer.

Esto quiere decir que cada individuo solamente es capaz de actuar en el presente según ese automatismo básico de dolor o no dolor, y todo su conocimiento gira alrededor de ello, de manera que sentimientos y personalidad, que son los mecanismos que puede generar, actúan como complementos de su temperamento.

Esto no quiere decir que todo sea meramente temperamental, lo que quiere decir es que una vez obtenido el sentimiento, el temperamento solamente actúa como comparación en el resultado, así que si el sentimiento es doloroso es porque se ha aprendido un automatismo que incide constantemente en el dolor del temperamento, lo cual no es fructífero pero el individuo lo ejecuta porque es su aprendizaje, el cual le enseñó a sobrevivir en aquel contexto que lo consolidó. Sentir ese “dolor” está diciéndole constantemente al individuo que eso hay que superarlo porque no le deja continuar como debería.

Básicamente, sentimiento y personalidad, buscan lo mismo porque buscan satisfacer el mismo automatismo, dolor - no dolor, temperamento.

Ahora bien, el individuo como dije anteriormente, viene calibrado con sus propios valores, lo que sucede es que en cualquier sociedad de seres vivos es eso lo que tiene que repercutirse con el contexto, y según los resultados que obtenga, así incidirá en sus sentimientos y posteriormente generará su personalidad.

Cada cual es igual idealmente pero distinto en capacidades, y esto es importante ya que no solamente las capacidades intelectuales afectan sino también las físicas o las sociales, ya que su dotación genética le favorece, más o menos, en unas capacidades en relación a su contexto.

Nada de esto es malo naturalmente, cada cual es una apuesta de la evolución por la permanencia, al menos así veo yo a los dinosaurios que con unos brazos ridículamente pequeños pervivieron tantos años, quizá fuera por una mutación o imperfección genética, pero eso no les impidió desarrollar otras facultades que les hizo permanecer quizá millones de años como especie.

A menudo confundimos nuestra humanidad, nuestros conceptos establecidos históricamente, con la capacidad natural, o de la naturaleza a través de nosotros, pero qué duda cabe que esto es un tema que hay que investigar a nivel individual con el fin de alinear nuestro ser con la sociedad, y de esa manera disminuir, o incluso eliminar, esos dolores aprendidos que llegado determinado momento de la vida de cada cual, ya no tiene por qué producirse.

Ser consciente de uno mismo es la mejor herramienta, o automatismo, para el no dolor, porque a veces el dolor es no ser consciente de que algunos dolores son necesarios para la sanación, es decir, permanecer hasta cuando se tenga que permanecer.





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Os presento los audios en los que he dividido un ensayo que espero os cale. Aunque está ordenado desde el último al primero, aconsejo empezar por el principio.