“Realmente somos estáticos
y desde nuestra atalaya
divisamos un horizonte
con mucho espacio en medio.
Dos hay, uno delante y otro detrás,
y los lados parece que son otros
pero ambos son transiciones
que al fijarnos
el de delante es el único horizonte.
Desde que nacemos la construimos
con piezas impuestas por genética
corregidas por normas familiares
y después de empotrarse las sociales…
nos hacemos útiles.
Cuando ya te planteas todo esto
te das cuenta de que no puedes ser otra cosa
más que como concluyes antes de dormir
si las preocupaciones te dejan,
dormir o con claridad pensar.
Oteamos con catalejo resquebrajado
por golpes contra el suelo y suciedad
al tener a veces rápido reaccionar
y al suelo caer antes de poderlo remediar.
Pero todo se mueve menos nosotros
contra lo que construimos muros y ventanales nuevos
por donde en algún señalado momento
tuvimos que defendernos o la luna admirar.
En ese vacío incomprensible intermedio
atisbamos movimientos distantes
de gentes y quereres que la distancia
nos escuda y da tranquilidad
al no podernos inmediatamente afectar.
Con el tiempo, gana en altura y robustez
y por las grietas de piezas resquebrajadas
entra luz y corrientes insalvables
pues la incertidumbre del tiempo las situó.
Uno se ve cada vez más encerrado
arropándose con telares añejos
llenos de recuerdos que ya no se producen
pero que se han vuelto personales totems.”

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