24 ago. 2012

En un poquito de agua...


“En un poquito de agua,
durante dos días, o quizá tres,
te mantuve para que se activara en ti
la ilusión que te haría germinar
bajo esas circunstancias
que te convencieran.

Con toda mi ignorancia por delante
en una macetita te coloqué
y mantenía húmedo tu lecho
rociando, espolvoreando, alentando...
siempre a resguardo de las inclemencias,
y pasadas unas semanas
te me diste.

Cuando vi tu par de pueriles hojillas
se generó en mi el futuro que a ellas alentó
y durante meses te cuidé
y te trasplanté hasta el año, o año y medio,
y
¡ ya eras un árbol !

Tronco delgado pero leñoso,
flexible, ágil, adolescente
con muchas hojas fotosintéticas
adheridas a ese tronco sin ramas
captadores solares de vida.

Con previsión de buen tiempo
decidí ponerte en tierra exterior
para que te hicieras a tu ambiente natural...
al peligro de los insectos, el viento,
el sol, la lluvia,
el calor y el frío...
¡ Tu prueba de fuego !

Ya han pasado varios años,
tu tronco ya es implacable,
tus ramas son cobijo para las aves
y hasta el gato ve en ti
donde afilar sus uñas
porque sabiendo mas que yo
sabe que ya eres todo un árbol.

Nunca te puse insecticida malo
y tus hojas, a veces, se llenan de bichitos
yo rezo para que no te ahoguen
pero hasta ahora, todo lo resistes
y tus ramas, como brazos tendidos al cielo,
ya mas altas que yo,
no paran de generar hojas nuevas
con ese verdor incipiente tan inconfundible
que sólo con pensar en verlas
ya gozo.

¡ Ni pensar...
que de esa fruta que nos alimentó
sales tú.... !

Cuando vea tus primeras flores
gozaré como gozo ahora,
como gozo cuando te riego,
como sufro cuando te podo,
como gozaba al trasplantarte...

Como se admira ahora
quien conoce tu historia.”

Escuchar el poema: Aquí.

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Os presento los audios en los que he dividido un ensayo que espero os cale. Aunque está ordenado desde el último al primero, aconsejo empezar por el principio.